Para conocer Transilvania debemos ir a Rumanía, nada que ver con la idea predeterminada que tenemos de dicho país.

He aquí unos cuanto lugares que no debemos perdernos:

Bucarest

Aunque la Capital de Rumania no es una ciudad especialmente “vampirica”, es imposible comenzar de otra manera.

Comenzaremos paseando por los enormes parques de la ciudad, como Cismigiu,

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Tineretului o Herastrau,

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o bien visitando el interesante museo al aire libre conocido como Museo de la Aldea, Muzeul Satului.

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Visita obligada es el Museo Nacional de Historia, donde encontraremos el retrato del Príncipe de Valaquia, Vlad Tepes (Vlad el Empalador).

También encontraremos en este Museo, el documento más antiguo que atestigua el nombre de la ciudad, fechado en septiembre de 1459 y firmado con la enorme firma del Empalador.

Curtea Veche, es un barrio antiguo, donde se encuentra el Palacio de Vlad Tepes junto a la Iglesia de la Anunciación y la Iglesia Stavropoleos, una joya de la arquitectura ortodoxa.

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Carul cu Berre, cervecería construida en 1878 y que tampoco hay que perderse.

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Vlad Tepes fue asesinado en 1476 en los bosques que rodean la Isla de Snagov, en cuya iglesia se dice que está la tumba del príncipe.

Sighisoara

En el centro del país, a hora y media en coche desde Brasov, entre las regiones de Valaquia y Transilvania.

Es una de las ciudadelas medievales habitadas más antiguas de Europa.

Fue aquí, en el norte de los Cárpatos, donde nació Drácula (es decir, Vlad Tepes).

Esta villa fortificada, con sus coloridas casonas y empinadas calles empedradas, es una de las ciudades más bellas de Rumanía.

 

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Encaramada sobre un cerro y rodeada de 11 torres, cada una de las cuales está dedicada a un determinado gremio. Una vez dentro se pasa bajo la torre del reloj, que fue la entrada principal de la ciudad. Cada una de sus cinco plantas acoge un museo relacionado con diferentes aspectos de la época medieval, entre ellos un oscuro y pequeño museo de las Salas de Tortura.

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El recuerdo más directo a Vlad Tepes es una estatua casi escondida en la iglesia del monasterio dominico, del siglo XV.

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También podemos evocar al personaje (el real) en la Casa de Drácula, el lugar donde nació el Empalador en 1431 y donde supuestamente vivió hasta los cuatro años. .

Brasov

Es el centro perfecto para recorrer la región de Transilvania: a un paso están las montañas Bucegi con los castillos de Bran, Rasnov y Sinaia, y las mejores pistas de esquí del país en Poiana Brasov.

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Las tradiciones medievales rumanas nos recuerdan,  que en la gran plaza Sfatului, corazón de la ciudad, era costumbre torturar a los prisioneros. También que aquí tuvo lugar la última quema de brujas de Europa.

Lo que no se puede dejar de ver es la Iglesia Negra, la mayor catedral gótica que se levanta entre Viena y Estambul.

El color se lo debe a un incendio que sufrió en 1689.

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El Castillo de Bran

Transilvania es un lugar sorprendentes, con montañas, castillos góticos, iglesias fortificadas, oscuras aldeas,  Fuera de todo esto, toda la parafernalia relacionada con Dracula en esta región es absolutamente ficticia.

El castillo de Bran (construido en 1382) no tiene nada que ver con Drácula ni con el famoso Vlad, nunca fue su residencia.

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Bistrita

Conocida gracias a Bram Stoker,el autor de Drácula decidió que el personaje de Jonathan Harker se alojase la víspera de San Jorge en un hotel de la localidad, al castillo de Drácula.

Bistrita fue una de las siete ciudades fundadas en el siglo XIII por los sajones.

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Hotel Castel Drácula, en el Valle del Borgo.

En la ruta del paso de Tihuta, (29 kilómetros al este de Bistrita),  desde allí a Pieatra Fantanele, en lo alto del puerto.

Con 53 habitaciones, se encuentra en el sitio donde Stoker ubicó la ficticia residencia del personaje. Y acertó con el escenario: las vistas del paso de Tihuta son espléndidas.

Las habitaciones, algunas muy pequeñas, son más bien eclécticas, con muebles de madera, baños no precisamente espectaculares (con toallas temáticas), teléfonos estilo años setenta, mucho rojo sangre por doquier y dibujitos de dragones.

Su máxima atracción es la habitación de Drácula: se baja por unas oscuras escaleras crujientes para dar una vuelta al féretro del vampiro, a la luz de las velas. Al final del recorrido hay una sorpresa destinada a sobresaltar a los visitantes.

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