Incluso bajo la lluvia, Roma es una ciudad especial; monumental y bulliciosa, espectacular y única. Incluso con cientos de pakistaníes gritando a pleno pulmón “umbrella, umbrella” para atraer al empapado turista, uno se siente como en casa en esta ciudad mágica y acogedora. Nada más llegar, el peso de la historia se cierne sobre el sorprendido turista y cae como una losa sobre su pecho dejándole sin habla. En el trayecto entre el aeropuerto de Fiumiccino y el hotel, cercano a la estación de Termini, el conductor de nuestra furgoneta recita sin entusiasmo (para él, contemplar estas maravillas que han sobrevivido…
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