No hay duda que el espiritu de la Navidad es ver y vivir estas fiestas desde los ojos y la inocencia de un niño, cantar villancicos, la ilusión de unas luces apagandose y encendiendose, el poner un pedazo árbol en medio del salón, con sus bolas, adornos y demás muñecos de madera, que luego tardas siglos en quitar, porque el quitarlo te toca, sólo, y exclusivamente a toda la casa de sobre todo, el pensar que dentro de poco van a venir a nuestra casa tres hombres que son Reyes y encima Magos,  por si esto fuese poco, vienen subidos en camellos, y ha…
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