¿Cómo hacer entender a unos niños, que nadie es diferente, y mucho menos por lo que come, o mejor dicho, por lo que no puede comer?
¿Cómo hacer entender a unos niños, que la mochila que llevas a un cumpleaños con comida, no es especial, ni diferente, simplemente es sin huevo , sin leche, o sin gluten?
¿Cómo hacer entender a unos niños, que por no comer igual que los demás, las mismas cosas,
no eres “un bicho raro”?
Y sobre todo:
¿Cómo hacer entender a ese otro niño, el que lleva la mochila con la comida al cumpleaños,
el que lleva las galletas distintas a los demás,
el que no puede comer lo mismo que todos,
que no es distinto, ni diferente, ni especial, que simplemente es alérgico, o celiaco?
Pues con un cuento, y eso es lo que hicieron en la clase de Daniel, cuando su mamá hablo con la profesora y comento la situación del niño.

Sus compañeros se reían de él:

porque siempre comía las mismas galletas, porque nunca comía nada en las fiestas, porque se llevaba la mochila a los cumpleaños, porque era “distinto” y no sabían porque, ni nadie se lo había explicado.

Se nos ocurrió, que seria buena idea contarles un cuento, y ofrecerles galletas sin huevo y sin leche, que comieran galletas de Daniel.

Y manos a la obra, fue un día especial, disfrutamos mucho, a pesar de los nervios, para que todo saliese bien.
Lo entenderían?
Les gustaría?
Seguro que sí, porque las comidas que se hacen con cariño, siempre están riquísimas, o al menos es lo que me dicen mis ratoncitos.

GALLETAS DE MAGO

INGREDIENTES:

  • 3 Cucharadas de Azúcar.
  • 3 Cucharadas de Mantequilla vegetal.
  • 1 Cucharada de sustituto de huevo, Orgran.
  • 2 Cucharadas de agua.
  • Harina de repostería (la que admita)

ELABORACIÓN:

  • Mezclar la mantequilla a temperatura ambiente con el azúcar.
  • Incorporar el sustituto del huevo y el agua, mezclar bien.
  • Ir incorporando la harina poco a poco hasta obtener una masa homogenea.
  • Estirar con rodillo, y dar forma.
  • Cocer en horno a 180º hasta que estén doradas.
  • Decorar.
NOTAS:
Quedaran muy ricas si les incorporamos una cucharadita de esencia de limón, o la ralladura de una naranja.

He de decir, que fue todo un éxito, Daniel quedó encantado, y lo más importante todos sus compañeros de clase, (incluso algunas mamás) entendieron a Daniel, y les gustó poder comer sus galletas tan ricas.

EL MAGO ALÉRGICO

(por Pedro Pablo Sacristán)
Había una vez un mago simpático y alegre al que encantaba hacer felices a todos con su magia.
Era también un mago un poco especial, porque tenía alergia a un montón de alimentos, y tenía que tener muchísimo cuidado con lo que se llevaba a la boca.
Constantemente le invitaban a fiestas y celebraciones, y él aceptaba encantado, porque siempre tenía nuevos trucos y juegos que probar.
Al principio, todos eran considerados con las alergias del mago, y ponían especial cuidado en preparar cosas que pudieran comer todos.
Pero según fue pasando el tiempo se fueron cansando de tener que preparar siempre comidas especiales, y empezaron a no tener en cuenta al buen mago a la hora de preparar las comidas y las tartas.
Entonces, después de haber disfrutado de su magia, le dejaban apartado sin poder seguir la fiesta. A veces ni siquiera le avisaban de lo que tenía la comida, y en más de una ocasión se le puso la lengua negra, la cara roja como un diablo y el cuerpo lleno de picores.
 
Enfadado con tan poca consideración como mostraban, torció las puntas de su varita y lanzó un hechizo enfurruñado que castigó a cada uno con una alergia especial.
Unos comenzaron a ser alérgicos a los pájaros o las ranas, otros a la fruta o los asados, otros al agua de lluvia.. y así, cada uno tenía que tener mil cuidados con todo lo que hacía.
Y cuando varias personas se reunían a comer o celebrar alguna fiesta, siempre acababan visitando al médico para curar las alergias de alguno de ellos.
 
Era tan fastidioso acabar todas las fiestas de aquella manera, que poco a poco todos fueron poniendo cuidado en aprender qué era lo que producía alergia a cada uno, y preparaban todo cuidadosamente para que quienes se reunieran en cada ocasión pudieran pasar un buen rato a salvo.
Las visitas al médico fueron bajando, y en menos de un año, la vida en aquel pueblo volvió a la total normalidad, llena de fiestas y celebraciones, siempre animadas por el divertido mago, que ahora sí podía seguirlas de principio a fin.
Nadie hubiera dicho que en aquel pueblo todos y cada uno eran fuertemente alérgicos a algo.
 
Algún tiempo después, el mago enderezó las puntas de su varita y deshizo el hechizo, pero nadie llegó a darse cuenta.
Habían aprendido a ser tan considerados que sus vidas eran perfectamente normales, y podían disfrutar de la compañía de todos con sólo adaptarse un poco y poner algo de cuidado.

RESULTADO:

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